Toledanos ilustres. Comentarios del desengañado de sí mismo (vida del mismo autor)

Diego Duque de Estrada: un toledano extraordinario y desconocido.

La personalidad creada por Duque de Estrada tiene como distintivo suyo resultar a cada momento y bajo cualesquiera circunstancias de tamaño sobrehumano, hecho que se podría considerar como simbolizado por la casualidad de que su primer apellido suene a título nobiliario. En su necesidad de destacarse continuamente tiene algo faustiano: él mismo declara que “quien busca su fortuna ha de ir con pecho valeroso hasta el infierno a hallarla”. Uno de los elementos que contribuyen a colmar el asombro del lector consiste en que el gigante cuyas hazañas nos dejan pasmados en cada página resulta haber sido en realidad, según él mismo pone varias veces de manifiesto, un hombre diminuto cuyas destrezas impresionaban (e impresionan) tanto más precisamente por su pequeña estatura. Él mismo dice que, habiendo contado su vida al Príncipe Emanuel Filiberto, su fama se esparció por todo Palermo y que “a algunos les vino gana de probar si era verdad, pareciéndoles que en honbre tan pequeño eran milagros”, y afirma haberle dicho al mismo Principe esta frase harto reveladora sobre la que unFreud o un Adler podría discurrir largamente: “Soy tan pequeño… que si no hago milagros a cada esquina, no solo no me creen, pero a la vuelta de ella me quieren dar con el pie”.

Leámos las palabras de D. Diego sobre lo dañino de las leyes del duelo, después de acabar con la vida de su esposa y de su mejor amigo: “¡Oh maldita y descomulgada Ley del Duelo, nacida en el infierno y criada y alimentada en la tierra, devoradora de vidas y haciendas, hija de ira y soberbia y madre de la venganza y perdición, ruina total de los humanos y perturbadora del sagrado templo de la paz! ¡Malhayan Licurgos y Tolomeos si fueron tus inventores, y benditas las tierras adonde, si la mujer es mala, lo es para sí, sin quitar la virtud, honor y valor del marido, si no es que él sea consentidor, que en tal caso es infamia de común sentimiento y dignos de castigo igual! Básteme esta hora de cuerdo, que parece no acertara a entrar ni acirto a salir.” 

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