Las palabras de Manuel Palencia en los lagartos llorones

Las palabras de Manuel Palencia en los lagartos llorones

Intervención del escritor y poeta en la presentación del nuevo libro de poemas de Santiago Sastre

Día 24/11/2012 – 22.20h Toledo / cultura

Siempre me he acercado a la poesía de Santiago con la misma expectación que cuando voy al cine a ver a Woody Allen, sabiendo que no me fallará. Que encontraré en sus palabras desmelenadas por el imbatible viento de la vida, el mensaje diáfano, sencillo y directo con el que tanto me identifico y satisfago.

Así que, compro mi entrada y palomitas, me arrebujo en el sillón y me dispongo, igual que cuando me encuentro con el de Brooklyn, a que me baje de la nube la filosofía, el sentido de la vida y las pasiones humanas, me los esparza por el suelo y, con las piezas destinadas a formar ese sesudo rompecabezas de la existencia, me construya un puente, un arco de triunfo y luego, una escalera al cielo.

Con ese escalofrío existencial que nos recorre a los humanos la médula espinal cuando alguien desnuda sus miedos, ilusiones, complejos y neuras, como si fuesen los nuestros, recorro sus poemas ajardinados, asombrándome una vez más de la firmeza de su mano sobre mi pecho. Una mano que siento hermana mía porque le hacen temblar las mismas cosas que a mí.

Este libro me ha hecho recordar a un hombre que conocí hace años en un refugio de invierno en los Pirineos franceses. Había sido marino, publicista, editor, albañil, profesor, ceramista y escultor, además de haber tenido varios hijos, varias mujeres y varias casas. Este hombre insistía, con la lengua ya algo trabada por las sierpes del armagnac, que trasegábamos frente a la chimenea, que lo más importante de todo y a pesar de todo, era ser. Daba igual qué hubiésemos hecho o qué llegásemos a hacer. Ser nosotros era lo más importante de todo, no traicionarnos a nosotros mismos; y no buscar ser otros o ser diferentes, sino esculpir solo, el ser que hubiésemos elegido.

Creo que eso es lo que hace Santi todos los días empujado por el arrebato de la vida, por la quemadura de ser hombre ante un mundo y unos días, que se nos escapan, como él mismo afirma.

Convertir en verbo la carne de la existencia desde la humildad, desde el sosiego que nos debe permitir discernir cuando estamos equivocados o cuando no sabemos hallar el camino de salida de este laberinto del Minotauro en el que nos hemos metido.

Conviene que te alejes de tu nombre

El yo te aloja en un corral enfermo

Estas son las palabras del hombre sencillo, del hombre que filosofa todos los días con las hormigas de sus horas y que da la misma importancia a una miga de pan que a un lingote de oro.

Abrasado por el sol como su lagarto llorón, Santiago mira pasar la vida, ya ha alcanzado su objetivo y lo goza, apostado sobre esa piedra lisa y caliente, se ha dado cuenta de que en la vida son más importantes las preguntas que las respuestas, porque las respuestas cambian mientras que las preguntas permanecen.

Y así lleva más de cuarenta veranos, con las mismas preguntas prendidas de los labios, porque parece que es en esa estación, cuando entre partida y partida de chinchón, a uno le da por hacerse filósofo, o sacerdote, o escritor, o panadero. Porque el sol licua la sangre de nuestro cerebro y las neuronas se aceleran en su hormiguero gris y entonces creemos en la vida y también en la certera muerte y, como buenos hijos de los pueblos mediterráneos nos sentimos capaces de conquistar el mundo, aunque lo descoloquemos un poco pero, ¿para qué está el mundo si no?

En fin, la película está finalizando, las palomitas se van terminando. Los poemas de Santiago han encontrado su acomodo en mi entendimiento, sus greguerías y metáforas incandescentes han sido bien perfiladas como obedientes actores de este melodrama. Se oye al director decir corten, mientras una sinfónica comienza a escucharse de fondo y las sonrisas afloran a nuestro labios.

Lean ahora estos poemas, cuajados de preguntas, que no les defraudarán.

 

Las palabras de Manuel Palencia en los lagartos llorones

abc
Manuel Palencia, escritor y poeta
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